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Recuerdo y oración por el vicedirector fallecido del Instituto Técnico Itatí

En el marco de la celebración de su fiesta patronal, el Instituto Técnico Nuestra Señora de Itatí (Banfield) rezó por el eterno descanso del profesor Darío Comba, vicedirector de la institución educativa de la diócesis de Lomas de Zamora fallecido recientemente.   

  • 21 Julio 2026
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En el marco de la celebración de su fiesta patronal, el Instituto Técnico Nuestra Señora de Itatí (Banfield) rezó por el eterno descanso del profesor Darío Comba, vicedirector de la institución educativa de la diócesis de Lomas de Zamora fallecido recientemente.   

La comunidad del colegio técnico -directivos, docentes, alumnos y familias- se reunió como cada año en torno a la fiesta de la Virgen de Itatí, celebró una misa en la parroquia homónima y, entre varias intenciones, recordó y rezó por el eterno descanso de su vicedirector.

“Dale Señor el descanso eterno (al profesor Darío Comba) y brille para él la luz que no tiene fin”. A dos meses de su fallecimiento, que se cumplen en este martes 21 de julio, el Instituto manifestó su pesar y la memoria agradecida por el profesor Comba. 

Carta del Instituto

Como comunidad educativa estamos atravesando momentos muy difíciles. La partida de Darío nos deja un profundo dolor, pero también una enorme huella de amor, compromiso y humanidad.

Hoy más que nunca necesitamos acompañarnos, sostenernos y pedir a Dios la fuerza necesaria para transitar este tiempo con esperanza y fe, aun cuando el escenario nos conmueva profundamente.

Será un tiempo para detenernos y escuchar. Para dialogar, abrazar, contener y acompañar con sensibilidad las conductas y emociones de nuestros estudiantes, y también las nuestras.

Volver a empezar después de una pérdida tan grande no será sencillo, pero juntos podremos encontrar el modo de seguir caminando como comunidad, unidos en el respeto, el cariño y la memoria de Darío.

A casi dos meses de la partida de nuestro vicedirector, la comunidad educativa sigue sintiendo profundamente su ausencia. Extrañamos su presencia, esa energía y alegría que recorrían los pasillos en cada recreo, las charlas compartidas, su cercanía con cada integrante de la escuela y esos abrazos oportunos que brindaba a los estudiantes cuando más los necesitaban.

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Darío tenía un don especial para conciliar, escuchar y aconsejar. En cada conversación dejaba un mensaje que nacía de su fe: “Crean en Dios”. En el último tiempo esa invitación fue aún más profunda. Vivía cada momento de oración con un inmenso fervor, convencido de que la fe sostenía y daba sentido a la misión de educar.

Su última participación en la celebración de Pentecostés conmovió a todos. Agradeció de corazón el servicio de los catequistas y, antes de finalizar, dejó un mensaje que quedó grabado en quienes lo escucharon: “Recen, no dejen de rezar”. Un profesor comentó, con emoción y sorpresa, que nunca antes lo había escuchado expresarse con tanta intensidad. Hoy esas palabras adquieren un significado aún más profundo.

Fue un docente profundamente sensible frente a las realidades de sus estudiantes. Siempre procuró brindarles lo mejor, no solo en lo académico, sino también en la formación humana y en los valores. Se alegraba sinceramente cuando alguno de ellos lograba una oportunidad laboral a través de las pasantías que ofrece nuestra institución. Cada logro de sus alumnos era también una alegría para él.

En una de sus últimas conversaciones con la directora expresó el deseo de crear más espacios de reflexión, porque encontraba en ellos un alimento para el alma. Se emocionaba al ver participar a los estudiantes, al descubrir sus talentos y al comprobar que podían crecer y construir un mejor futuro. Su felicidad era ver que a quienes lo rodeaban les iba bien.

Hoy toda la comunidad educativa sabe que su presencia permanece entre nosotros: en cada aula, en cada pasillo, en cada rincón de esta institución a la que entregó su vida. Sentimos que nos sigue acompañando, inspirándonos a educar con el corazón, con compromiso y con esperanza.

Darío solía decir que quería cambiar el mundo. Y lo logró. Cambió el mundo de muchos estudiantes y exestudiantes que hoy lo recuerdan con un inmenso cariño y gratitud. Su legado permanece vivo en cada vida que tocó, en cada palabra de aliento, en cada abrazo, en cada gesto de servicio y en cada semilla de bien que supo sembrar.

Que Dios lo reciba en su Reino y que Nuestra Señora de Itatí lo abrace con su amor maternal. Que su ejemplo de entrega, sencillez, fe y vocación siga iluminando el camino de nuestra comunidad educativa y nos anime a continuar la misión que él abrazó con tanto amor.-

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