Puntos de Vista
Fe en la tormenta: claves para un discernimiento católico en tiempos de grieta
Por: Prof. Daniel Sotelo
"Ni el mercado es un dios que se justifica con el Decálogo, ni la dignidad humana se defiende a pedazos. Es necesaria un discernimiento como comunidad católica frente a los relatos que buscan fragmentar nuestra fe según la conveniencia electoral".
En los últimos tiempos, el debate público argentino se ha transformado en un festival de reduccionismos e incoherencias cruzadas. Por un lado, el oficialismo intenta forzar lecturas teológicas para justificar un capitalismo salvaje sin anestesia; por el otro, sectores de la oposición se rasgan las vestiduras por la justicia social y las infancias, mientras arrastran contradicciones ideológicas difíciles de digerir. En el medio, queda una sociedad aturdida y una certeza: la dignidad humana está siendo usada como mercancía de cambio político.
La deificación del mercado: ¿Los Mandamientos como código de comercio?
Hace poco, el presidente Javier Milei volvió a sacudir el avispero conceptual al afirmar que los Diez Mandamientos son la base del capitalismo de libre empresa. Utilizando preceptos como “No robarás”, “No mataras” o "No codiciarás los bienes ajenos", el relato libertario pretende elevar la propiedad privada al rango de derecho sagrado y absoluto, justificando la disolución del Estado y la desregulación total de la vida común.
“Asociar los mandamientos al capitalismo puro pasa por alto el peligro más advertido por la Iglesia: la idolatría del dios mercado”
Sin embargo, desde la vereda de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), este planteo no resiste el menor análisis teológico. La tradición católica -desde Santo Tomás de Aquino hasta los textos contemporáneos- jamás ha considerado a la propiedad privada como un fin en sí mismo. Al contrario, sobre ella pesa lo que Juan Pablo II denominó una "hipoteca social": el derecho a poseer está estrictamente subordinado al Destino Universal de los Bienes. La tierra y sus recursos son para todos; cuando la acumulación de unos pocos condena al desamparo a las mayorías, la propiedad deja de ser justa.
Tratar de encajar el Decálogo bíblico en el molde de un manual de economía austríaca es, además, un ejercicio de idolatría. Las leyes del mercado no son divinas ni infalibles. Como bien advirtió el Papa Francisco en su encíclica Evangelii Gaudium, “esa economía mata” porque instaura una tiranía invisible que rinde culto al dinero y descarta al ser humano.
El juego de las contradicciones: Escuelas cerradas y banderas selectivas
Pero la incoherencia no es monopolio de un solo sector. El reciente conflicto en torno al recorte, desfinanciamiento o cierre de escuelas y jardines de infantes ha dejado al desnudo las flaquezas argumentales de la oposición. Ante el legítimo reclamo social por la defensa de los espacios educativos de los más chicos, las usinas discursivas del oficialismo no tardaron en retrucar: “¿Con qué autoridad reclaman hoy por los niños quienes ayer militaban y apoyaban la ley de aborto?”.
En el barro de la política táctica, el argumento funciona como una eficaz cortina de humo (la clásica falacia ad hominem). Se desvía el eje de la discusión -el derecho actual y urgente de un chico a educarse y alimentarse en un jardín- para apuntar a la inconsistencia del emisor. Y en parte, la bala entra: expone una “antropología fragmentada” en ciertos sectores progresistas que defienden apasionadamente los derechos de las infancias nacidas, pero desprecian la vida humana en su etapa germinal.
“Puede ser contradictorio marchar por la educación habiendo militado el aborto; pero es igualmente hipócrita llamarse 'pro-vida' y mostrar indiferencia ante el hambre de los chicos que ya nacieron”
Para la Iglesia, esta defensa selectiva es inaceptable, pero el contraargumento oficialista también encierra una profunda hipocresía. Un error no subsana otro.
Que un sector político haya apoyado el aborto no vuelve “bueno” ni “justo” desfinanciar una escuela hoy. Quienes se autoproclaman “pro-vida” en el discurso, pero muestran indiferencia o crueldad ante el hambre, la falta de escolarización o la exclusión de los niños que ya están en el mundo, caen exactamente en la misma lógica de descarte que critican.
Hacia una ética de la coherencia integral
En su exhortación Gaudete et Exsultate, el Papa Francisco echó por tierra el uso selectivo de los valores: “La defensa del inocente que no ha nacido debe ser clara, firme y apasionada [...]. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono y la postergación”.
La Doctrina Social de la Iglesia no es una tercera vía política ni un partido, sino una propuesta ética integral. Nos recuerda que ni el colectivismo estatal de cuño autoritario ni el individualismo radical anarcocapitalista son compatibles con el Evangelio. El Estado tiene una función natural y legítima: velar por el Bien Común y proteger a los más débiles de los abusos de los más fuertes.
Atravesamos un tiempo de cinismo discursivo donde cada bando elige qué parte de la realidad defender según le convenga al algoritmo o a la urna.
Responder a este escenario exige recuperar la coherencia integral. Los mandamientos no son un contrato comercial, la justicia social no es un robo y la vida humana -desde la concepción hasta la escuela, y desde la juventud hasta la vejez- se defiende siempre, por entero, y sin inventar excepciones ideológicas.
Si se busca responder con rigor conceptual y desde el pensamiento social cristiano, se puede argumentar que:
- Los Mandamientos defienden la vida y la fraternidad, no el individualismo radical. El “No robarás” protege al trabajador para que no le roben el fruto de su esfuerzo mediante salarios injustos, tanto como protege la propiedad legítima.
- El capitalismo sin ética es incompatible con el Evangelio. La Iglesia reconoce la libre iniciativa empresarial, pero solo cuando está orientada al desarrollo humano integral y no a la especulación y la exclusión.
- La justicia social no es un robo, es un mandato evangélico. Buscar el equilibrio y la equidad social no es “coerción estatal criminal”, sino una exigencia del amor fraterno y del orden justo que Dios pide para su pueblo.
- La contradicción de un sector no anula la legitimidad del reclamo actual: Que un grupo político haya apoyado el aborto no vuelve “bueno” o “justo” el cierre de escuelas o el desamparo de los niños hoy. El derecho de los niños a educarse y estar protegidos es intrínseco, más allá de quién lo defienda.
El autor es catequista (Mandato 1987) - Profesor Univ. Prov. Ezeiza – Esp. Tecnología Informática aplicada la Educación UNLP - Ex Becario Decos-Celam: “Comunicación e información para la Pastoral” – Coordinador de la beca del Celam entre 1993 al 2001 en la CEA – Desarrollador Web – Diseñó la primera página web de catequesis en Español de América Latina junto al padre Fran de Vos en 1995 - Publicó la primera web de la CEA, Comisión de Liturgia - Comunicación y soporte web de la díócesis de Lomas de Zamora: Ilomas.org.ar, eclesia.ar, Comisión de Liturgia, Instituto Sáenz.